Un 2 de abril d hace veinte años, Juan Gómez González, más conocido como Juanito, dejaba huérfano al equipo de su vida, a una afición que le llevará siempre en el corazón. Un trágico accidente de coche acababa con la vida de una leyenda para el club blanco. Lucha, garra, pundonor y vitalidad, todo eso y más, definían a Juanito, un eterno madridista.
Sin lugar a dudas, Juanito es uno de los jugadores más recordados
dentro de la historia del Real Madrid. Un futbolista que dejó una huella
impagable en el madridismo por su sentimiento a ultranza de lo que es
este equipo, algo que defendió a capa de espada.
Nacido en una humilde familia malagueña, su mejor etapa como
futbolista fue en el Real Madrid. 10 años dedicados en cuerpo y en alma a
un sentimiento con el que murió un 2 de abril de 1992. Un trágico
accidente de tráfico cuando regresaba a Mérida, donde era entrenador,
tras presenciar un Real Madrid-Torino de la Copa de la UEFA en el
Bernabéu, acababa con su vida.
Juanito se había ganado a pulso el cariño de la afición blanca. Su
sentimiento por el escudo madridista, su garra y pundonor por unos
colores le había llevado a ser endiosado y recordado de por vida en el
santuario blanco. Cada minuto 7 en el Bernabéu se para el tiempo, es
el momento del recuerdo, de la añoranza por una leyenda que sigue viva
en el corazón del madridismo.
De carácter especial, ese pudo ser uno de los elementos que le hizo
más grande. Su pasión y su lucha fueron elementos que le llevaron a lo
más grande, a ser un jugador de leyenda. Dos Copas de la UEFA, cuatro Ligas, dos Copas del Rey y una Copa de la Liga eran sus condecoraciones, además de llevar al club blanco a una final de la Liga de Campeones y de la Recopa.
El malagueño se fue en cuerpo, pero su alma sigue recorriendo el
Bernabéu partido tras partido, sobre todo en el minuto siete, cuando el
tiempo se para, para hacer único un cántico que le agradece eternamente
su dedicación a este club: “Illa, illa, illa, Juanito Maravilla”.
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